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Editorial

Un mundo sin jefes, ¿un sueño hecho realidad?

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Como especialista de la gestión humana, seguramente ha formulado a alguien la pregunta: ¿Cuál sería tu trabajo ideal? Las respuestas recibidas habrán sido muchas y muy variadas, pero también es muy posible que alguien le haya respondido: “Mi trabajo ideal es aquel en el que no tenga jefe”.

Aunque el mundo laboral ha experimentado grandes cambios, todavía no llega el momento en que quienes trabajamos podamos hacerlo sin ningún tipo de supervisión o sin rendir cuentas a nadie. Pensar en un mundo sin jefes es simplemente una utopía, pues hasta en las comunas o tribus que, aparentemente no existe alguien que ostente el poder, es necesario el surgimiento de un líder que pueda conducir los destinos del grupo.

Si bien es cierto que en el mundo laboral los jefes continúan y continuarán existiendo, también es verdad que las empresas modernas representan una figura que tiende a reducirse para ser reemplazada por un líder. Aunque a los ojos del grueso de las personas esto sólo represente el cambio de título para el puesto de quienes tienen gente a su cargo; para quienes son responsables del manejo del personal en una organización, el asunto ni es as,í ni resulta tan sencillo.

Partiendo de la idea de que las estructuras organizacionales tienden a eliminar niveles jerárquicos, lo correcto es pensar que un líder debe contar con habilidades y conocimientos muy diferentes a los que posee un jefe tradicional. Hoy en día el jefe déspota, controlador o el que consigue resultados a través de sembrar el miedo, es el que está muy cerca de desaparecer para dar paso a aquel que es capaz de lograr que las cosas se hagan en unión con otros.

El nuevo jefe, el que vive y sobrevive en las empresas con mayor cultura y preparación, es un líder con talento para integrar, conducir y motivar equipos de trabajo eficientes que generan resultados y por lo tanto, aportan a la organización. Sin embargo, para que este jefe-líder encuentre el campo propicio para desarrollarse, también es importante que la empresa sea una organización madura en donde los objetivos y  las prioridades estén claramente definidos,  que ofrezca los medios para el desarrollo del talento, que cuente con un sistema de comunicación claro y transparente y que cuente con un mayor nivel de autogobierno.

Así es que, por el momento y quizá por muchos años más, pensar en un mundo laboral sin jefes es algo imposible por más que se aplanen las estructuras jerárquicas, lo que si no podemos dudar, es que estamos frente a un nuevo tipo de jefe, más preparado, más creativo, más comprometido y sobre todo más humano.

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